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Extraída a grandes rasgos del DSM-IV, esta descripción es la misma
de siempre. Freud, hablando de sus primeras pacientes histéricas podría
haber subscripto esta descripción, hasta podría decir que se la han
copiado. La bella indiferencia y los ataques de temblor, las
convulsiones y las parálisis que veía en su consulta y que lo llevaron
a su quizás primer gran aforismo, aquel que reza los histéricos sufren
de reminiscencias evidencian la misma lógica clínica que subyace al
diagnóstico de TPET.
Para tratar estos estados defensivos tan espectaculares Freud
inventó el psicoanálisis. Con la eclosión de las psicoterapia que tuvo
lugar durante el siglo XX otros métodos adquirieron también relevancia.
Des de hace menos de veinte años los profesionales disponemos también
del conocido de manera abreviada como EMDR, que es la sigla de "Eye
Movement Desensitization Reprocessing", descubierto por Francine
Shapiro.
Así como el diván se convirtió en el icono del invento freudiano, el
de unos ojos que giran de un lado al otro, siguiendo los dedos o un
bolígrafo en manos del terapeuta se convertirá seguramente en el de la
terapia del Reprocesamiento Desensibilizador mediante el Movimiento de
los Ojos.
El EMDR combina al servicio de un procedimiento muy fácil de
describir y muy difícil de aplicar correctamente las teorías del
conflicto intrapsíquico freudiano, del cambio de creencias cognitivo y
de la reducción de la ansiedad conductista. Como el psicoanálisis pone
el inconsciente a trabajar para construir integraciones del conflicto
menos gravosas que el síntoma. Como el cognitivismo modifica las
creencias negativas sobre uno mismo. Como el conductismo reduce la
perturbación emocional en presencia de la escena traumática. Y cuando
funciona, que nada funciona siempre (esto ya lo sabíamos) lo hace de
manera muy rápida, el paciente cambia en pocas sesiones. Desbloqueo y
limpieza emocional, catarsis y elaboración. Además se puede aplicar en
el contexto de otras terapias, dado que sus protocolos son muy
sencillos. De hecho el arte consiste en no equivocarse de cliente a la
hora de administrarlo. Otros métodos, aplicados cuando no tocaba sólo
harán perder tiempo, dinero y esperanzas, pero serán tan lentos que el
paciente tendrá tiempo de alejarse de ellos. El EMDR es tan potente que
incorrectamente aplicado puede llegar a hacer daño.
Como suele pasar, apenas aparece una nueva terapia, al principio
parece que sirve para todo. De tratamiento de elección para grandes
traumas el EMDR extiende su influencia benéfica al tratamiento del
dolor, de la ansiedad, de los problemas del apego, de los trastornos de
la alimentación, de les toxicomanías, de las fobias, de las
inhibiciones en general, etc. El tiempo pondrá las cosas en su lugar,
como ya ha sucedido con todos los booms psicoterapéuticos. Todavía es
muy pronto para poner límites a su eficacia, mientras tanto la
investigación está muy viva. Lacan se quedaría pasmado delante de esta
manera de abrir lo real.
Desde Freud para aquí los tiempos han cambiado mucho, y según como
se mire quizás no tanto. Quizás hemos dado una vuelta completa, como si
estuviésemos la noche antes del día en que Freud inventó el
psicoanálisis. La noche en que abandonó su teoría traumática para
considerar que el terreno fértil para las neurosis eran más las
fantasías propias de la investigación sexual infantil que los abusos
provenientes de padres, tíos, hermanos o niñeras, cuya realidad no
negaba tanto como se le ha imputado después .
Hoy todo es o quiere ser trauma. Tanto es así que a veces se olvida
que trauma no es lo que me pasó o me hicieron, sino la reacción de mi
mente a eso que me pasó o me hicieron. La defensa acaba siendo el
agente patógeno mediante el bloqueo de las representaciones dolorosas,
lo que las convierte hace traumáticas y las condena a resurgir como
reminiscencias aterradoras.
Este romanticismo sin sujeto al que llamamos postmodernidad quiere
que todos seamos ante todo víctimas. Si se nos acepta que somos
víctimas ya asumiremos después alguna estrecha responsabilidad.
Afortunadamente los métodos terapéuticos no suelen caer en esta trampa.
Respetar la agenda emocional del cliente, fieles al principio del
primum non nuocere (sobretodo no hacer mal) para ayudarlo a encontrar
la dosis de paz interior que le permita continuar viviendo
autoreconciliadamente exige un compromiso suyo y una prudencia
profesional nuestra. Aquel dolor enigmático, aquel misterio doloroso
que llamamos síntoma sigue constituyendo nuestra mejor brújula, y esto
vale también y muy especialmente para la terapia del EMDR.
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