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El Estrés Postraumático y la Terapia del EMDR Imprimeix Correu-e
miércoles, 29 junio 2005
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El Estrés Postraumático y la Terapia del EMDR
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Extraída a grandes rasgos del DSM-IV, esta descripción es la misma de siempre. Freud, hablando de sus primeras pacientes histéricas podría haber subscripto esta descripción, hasta podría decir que se la han copiado. La bella indiferencia y los ataques de temblor, las convulsiones y las parálisis que veía en su consulta y que lo llevaron a su quizás primer gran aforismo, aquel que reza los histéricos sufren de reminiscencias evidencian la misma lógica clínica que subyace al diagnóstico de TPET.

Para tratar estos estados defensivos tan espectaculares Freud inventó el psicoanálisis. Con la eclosión de las psicoterapia que tuvo lugar durante el siglo XX otros métodos adquirieron también relevancia. Des de hace menos de veinte años los profesionales disponemos también del conocido de manera abreviada como EMDR, que es la sigla de "Eye Movement Desensitization Reprocessing", descubierto por Francine Shapiro.

Así como el diván se convirtió en el icono del invento freudiano, el de unos ojos que giran de un lado al otro, siguiendo los dedos o un bolígrafo en manos del terapeuta se convertirá seguramente en el de la terapia del Reprocesamiento Desensibilizador mediante el Movimiento de los Ojos.

El EMDR combina al servicio de un procedimiento muy fácil de describir y muy difícil de aplicar correctamente las teorías del conflicto intrapsíquico freudiano, del cambio de creencias cognitivo y de la reducción de la ansiedad conductista. Como el psicoanálisis pone el inconsciente a trabajar para construir integraciones del conflicto menos gravosas que el síntoma. Como el cognitivismo modifica las creencias negativas sobre uno mismo. Como el conductismo reduce la perturbación emocional en presencia de la escena traumática. Y cuando funciona, que nada funciona siempre (esto ya lo sabíamos) lo hace de manera muy rápida, el paciente cambia en pocas sesiones. Desbloqueo y limpieza emocional, catarsis y elaboración. Además se puede aplicar en el contexto de otras terapias, dado que sus protocolos son muy sencillos. De hecho el arte consiste en no equivocarse de cliente a la hora de administrarlo. Otros métodos, aplicados cuando no tocaba sólo harán perder tiempo, dinero y esperanzas, pero serán tan lentos que el paciente tendrá tiempo de alejarse de ellos. El EMDR es tan potente que incorrectamente aplicado puede llegar a hacer daño.

Como suele pasar, apenas aparece una nueva terapia, al principio parece que sirve para todo. De tratamiento de elección para grandes traumas el EMDR extiende su influencia benéfica al tratamiento del dolor, de la ansiedad, de los problemas del apego, de los trastornos de la alimentación, de les toxicomanías, de las fobias, de las inhibiciones en general, etc. El tiempo pondrá las cosas en su lugar, como ya ha sucedido con todos los booms psicoterapéuticos. Todavía es muy pronto para poner límites a su eficacia, mientras tanto la investigación está muy viva. Lacan se quedaría pasmado delante de esta manera de abrir lo real.

Desde Freud para aquí los tiempos han cambiado mucho, y según como se mire quizás no tanto. Quizás hemos dado una vuelta completa, como si estuviésemos la noche antes del día en que Freud inventó el psicoanálisis. La noche en que abandonó su teoría traumática para considerar que el terreno fértil para las neurosis eran más las fantasías propias de la investigación sexual infantil que los abusos provenientes de padres, tíos, hermanos o niñeras, cuya realidad no negaba tanto como se le ha imputado después .

Hoy todo es o quiere ser trauma. Tanto es así que a veces se olvida que trauma no es lo que me pasó o me hicieron, sino la reacción de mi mente a eso que me pasó o me hicieron. La defensa acaba siendo el agente patógeno mediante el bloqueo de las representaciones dolorosas, lo que las convierte hace traumáticas y las condena a resurgir como reminiscencias aterradoras.

Este romanticismo sin sujeto al que llamamos postmodernidad quiere que todos seamos ante todo víctimas. Si se nos acepta que somos víctimas ya asumiremos después alguna estrecha responsabilidad. Afortunadamente los métodos terapéuticos no suelen caer en esta trampa. Respetar la agenda emocional del cliente, fieles al principio del primum non nuocere (sobretodo no hacer mal) para ayudarlo a encontrar la dosis de paz interior que le permita continuar viviendo autoreconciliadamente exige un compromiso suyo y una prudencia profesional nuestra. Aquel dolor enigmático, aquel misterio doloroso que llamamos síntoma sigue constituyendo nuestra mejor brújula, y esto vale también y muy especialmente para la terapia del EMDR.

 



Darrera actualització ( miércoles, 29 junio 2005 )