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Cuando una persona padece un TEPT se entiende que ha experimentado,
presenciado imaginado o oído hablar de uno o más acontecimientos
caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de
otro y ha reaccionado con miedo, desesperanza y horror intensos,
sentimientos negativos que se conservan bloqueados dentro de su memoria
emocional, en el sistema límbico. Las escenas traumáticas pueden
provenir tanto de catástrofes naturales como provocadas por actos de
terrorismo, por haber participado en situaciones de violencia, como
veteranos de guerra o por haber sufrido ataques físicos o sexuales,
como mujeres o niños maltratados o abusados. El acontecimiento
traumático es revivenciado después mediante - Recuerdos y pensamientos
intrusivos,
- Imágenes y sensaciones que le provocan un fuerte malestar.
- Sueños recurrentes y pesadillas.
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Frecuentemente la persona experimenta la sensación muy real de que
"eso" le está pasando ahora mismo, le acuden sensaciones, ilusiones,
alucinaciones y episodios disociativos de flashback.
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Malestar psicológico intenso delante de estímulos externos o internos
que simbolizan algún aspecto del acontecimiento traumático.
- Ataques inesperados de miedo a los que no encuentra explicación.
Para defenderse de estas vivencias terroríficas, el sujeto puede desarrollar algunas de las siguientes conductas:
- Evitar pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades o esfuerzos que le recuerden el acontecimiento traumático.
- Perder la memoria sobre algún aspecto importante de la escena traumática.
- Reducir su interés por actividades significativas. Se desvincula, se aísla, restringe su vida afectiva y su capacidad de amar.
- Ver su futuro cerrado y sin esperanza.
Además puede tener dificultades para conciliar el sueño,
irritabilidad, dificultades para concentrarse y tiende a mantener una
actitud hipervigilante y de control, así como también puede manifestar
respuestas desmesuradas de susto.
La persona que sufre un TEPT se presenta evidenciando un estado
general de embotamiento y de anestesia afectiva. Ante él sentimos que
de alguna manera no está con nosotros, aunque no pierda detalle de los
gestos del profesional. Puede desarrollar un aire misterioso, como si
guardase un secreto y se mantiene a una distancia temerosa del contacto
humano con el entrevistador. Hablarle positivamente puede herirla, como
si viviese toda esperanza como un peligro. También puede explicar
experiencias terribles como si estuviese leyendo la lista de la compra,
con aquella fría naturalidad que es la marca de la disociación. Si
comienza a abrirse nos dirá que le asedian recuerdos dolorosos, poco
claros y que le acuden en estados como de ensueño diurno o en forma de
pesadillas, y que en general vive entre estados de desinterés por las
cosas y ataques súbitos de irritabilidad. Todo la afecta sin poder
concentrarse en nada definido y seguramente expresará que siente
vergüenza o culpa por cosas que le han pasado o que está convencida de
que sólo a una persona tan débil, poco válida o indigna de amor como
ella puede estarle ocurriendo algo así.
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