|
Pàgina 2 de 2
Se concentró, en primer lugar, en el uso de su "nuevo" oído,
identificando todos los sonidos de la casa y de puertas determinando
quien los hacía, a que distancia, que hacían y con que humor. Después
examinó las ventanas con los ojos, moviéndolos de lado a lado, tanto
desde la cama como desde la mecedora en la que su familia le dejaban.
Otra vez e inadvertidamente, la intensidad de su concentración en la
ventana y la autosugestión de que sería capaz de alcanzarla y mirar
afuera le estaban induciendo al proceso autohipnótico. Un día se dio
cuenta de que su cuerpo comenzaba a actuar de acuerdo a sus dictados.
Estaba balanceando la mecedora, moviéndola hacia la ventana.
Entonces empezó a recordar con exactitud como había usado sus
dedos, manos, pies, al agarrar herramientas, trepar árboles, caminar,
le dijo a sus miembros que hicieran los mismos movimientos otra vez y
poco a poco lo hicieron. Observó como su hermana pequeña aprendía a
ponerse de pie y andar, como usaba varias partes de su cuerpo para
balancearse y poner un pie frente al otro. En 11 meses Erickson había
recuperado la habilidad de andar (aunque todavía con muletas) y hablar
claramente y reanudo sus clases en el instituto.
Se graduó a los 18 años y se tomó un año para ganar dinero para
pagar la matrícula de la Universidad de Wisconsin, trabajando en una
tienda de conservas. En 1921, al término de su primer año, todavía se
sentía débil físicamente y necesitaba las muletas. Decidió que debía
fortalecerse y anunció a sus padres que se embarcaría en una excursión
río abajo a lo largo del Wisonsin durante dos semanas. Finalmente el
viaje duró 10 semanas, recorriendo el río también corriente arriba y
sumando un total de 1900 km. Ya no necesitaba muletas y podía remar
vigorosamente con ambos brazos. Regresó robusto, confiado en si mismo,
orgulloso y ansioso por comenzar la preparación de lo que decidió sería
su profesión: médico.
Poco a poco Erickson se sintió atraído por el estudio de las
enfermedades de la mente y la psique, además de las del cuerpo. ¿Acaso
no le había enseñado su propia experiencia como el cuerpo podía ser
curado a través de las sugestiones de la mente?. Todavía no comprendía
que había estado usando la autohipnosis de forma muy efectiva pero se
le hizo claro, una vez comenzó a estudiar hipnotismo bajo la tutela de
Clark L. Hull, que sería conocido más tarde por sus cursos de hipnosis
que impartió en Yale.
No obstante Hull era de la antigua escuela de hipnotizadores,
consideraba a sus sujetos como objetos de laboratorio, sin sensibilidad
para diferenciarlos como personas, suponiendo que responderían de
manera idéntica a la inducción. Erickson comprendió rápidamente lo
falaz que resultaba este planteamiento, percibiendo que la gente
respondía de maneras muy variadas a la inducción. Diferían tanto en el
grado de trance al que podían ser inducidas como al comportamiento que
seguían de acuerdo a las sugestiones del hipnotizador (u órdenes como
Hull las llamaba). Se dijo a si mismo que cuando comenzara a practicar
la hipnosis, lo haría en un "sentido naturalista, permisivo e
indirecto".
Erickson comprendió que el sujeto no debía ser intimidado por un
terapeuta autoritario y dominante sino inclinado a aceptar la hipnosis
como un método natural de ayuda ante las enfermedades del ser. Los
mejores resultados, constató, se daban cuando se llegaba a la inducción
de manera indirecta, mientras se estaba hablando sobre algo sin
relación con el problema.
|