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ANSIEDAD
La ansiedad puede definirse como una respuesta emocional, que
engloba tanto aspectos cognitivos desagradables (tensión y
aprehensión), como aspectos fisiológicos (alto grado de activación del
SNA), y motores, que suelen implicar conductas de carácter
desadaptativo. La respuesta de ansiedad puede ser producida por
estímulos externos o situacionales, o por estímulos internos al sujeto
(pensamientos, ideas, imágenes, etc.), que son percibidos por el
individuo como peligrosos y amenazantes. El tipo de estimulo capaz de
evocar la respuesta de ansiedad vendrá determinado en gran medida por
las características del sujeto.
El límite entre la ansiedad normal y patológica viene determinado
por la intensidad y duración de la respuesta y por la cantidad de
estímulos que son capaces de evocar en nosotros dicha respuesta. Entre
los diferentes trastornos de ansiedad que han sido descritos, nos
encontramos con el trastorno de ansiedad generalizada, que según el
DSM-V (1998), se caracteriza por una preocupación excesiva, ansiedad y
expectación aprehensiva sobre una amplia gama de acontecimientos o
actividades como el rendimiento laboral o escolar, que se prolonga más
de 6 meses. Dicho estado es difícil de controlar por la persona que lo
padece y se asocia a tres o más de los siguientes síntomas: inquietud o
impaciencia, fatigabilidad fácil, dificultad para concentrarse o tener
la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del
sueño (dificultades para concentrarse o mantener el sueño o sensación
al despertarse de sueño no reparador).
Los pacientes ansiosos tienen una serie de distorsiones cognitivas
en las que tienden a interpretar mayor cantidad de situaciones como
peligrosas (pérdida, daño, enfermedad o muerte), y suelen cometer
cuatro tipo de errores:
- Sobreestimación de la probabilidad de un suceso temido.
- Sobreestimación de la severidad de un suceso temido.
- Infraestimación de los recursos de afrontamiento.
- Infraestimación de las posibilidades de ayuda de otros.
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