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Etiopatogenia
Sólo el 5% de los casos de obesidad son atribuibles a causas
físicas específicas, ya sean endocrinopatías, lesiones cerebrales,
intervenciones yatrógenas o enfermedades hereditarias como el síndrome
de Prader-Willi. La etiopatogenia del resto de casos se halla en un
exceso de reserva de grasa en un organismo en el que se produce un
desequilibrio energético: se ingiere más de lo que se gasta.
Mecanismos patogénicos
La plenitud (sensación digestiva por la cual se detiene el proceso
de ingesta) y la saciedad (inhibición del hambre provocada por la
absorción de los nutrientes), son los únicos mecanismos fisiológicos
moduladores de la ingesta en nuestro organismo. La primera regula la
cantidad de comida, la segunda regula el tiempo transcurrido entre las
comidas. Ya sea en el trastorno por atracón, en la ingesta nocturna o
en la ingesta sin plenitud, estos factores se encuentran gravemente
alterados y son trastornos frecuentemente asociados a la obesidad.
Los factores cognitivo-conductuales (hábitos alimentarios, hábitos
sedentarios, consumo de tabaco, pensamientos distorsionados en relación
con la comida y el peso, deterioro de la autoimagen y de la autoestima,
falta de control de impulsos, aislamiento social, la utilización de la
comida para “solucionar” alteraciones emocionales...) desarrollan un
papel fundamental, ya que pueden favorecer la ingesta de alimentos
hipercalóricos que podrían conducir a anular los mecanismos
fisiológicos moduladores y a desencadenar un malestar mediado por
condicion
es cognitivas negativas, de culpa y autoreproche e ideas
equivocadas hacia la comida, lo cual a su vez desencadena un círculo
vicioso cuando se retroalimentan las secuencias conductuales primarias
que facilitan la ingesta excesiva.
Las características de la personalidad también juegan un papel
importante en el desarrollo de este trastorno: en primer lugar, pueden
predisponer per se a comer en exceso, y en consecuencia, a la ganancia
de peso; en segundo lugar, la propia obesidad cuando se inicia en
etapas tempranas de la vida, puede afectar al desarrollo de la
personalidad, y finalmente, los dos mecanismos anteriores pueden actuar
de forma combinada. La actitud frente al cuerpo, la impulsividad como
rasgo caracterial y la relación que se aprende a tener desde pequeños
con la comida son aspectos muy importantes.
Se ha asociado con la obesidad, aunque no está demostrado, la
personalidad pasivo- agresiva y la personalidad pasivo- dependiente. La
conducta del obeso, presenta más rasgos de dependencia, de inseguridad,
de hipersensibilidad e inestabilidad emocional que la conducta de la
población general.
Los factores familiares de la infancia se pueden asociar a la
obesidad; hay un índice más elevado de maltratos y abusos físicos y/o
sexuales en la infancia, negligencia de los cuidadores, abandono, y
esto puede traducirse en una ingesta compulsiva de alimentos,
normalmente hipercalóricos, para sentir placer, paliar el distrés o
formando parte de la constelación sintomática de la ansiedad o el
estrés postraumático. Esto podría relacionarse con la detección de una
elevada proporción elevada de pacientes obesos alexitímicos que
proyectan su malestar emocional en la obesidad y otros síntomas
corporales, en lugar de identificar las causas psíquicas de éste . De
Chouly et al., diseñaron un estudio para demostrar la relación entre
obesidad y alexitimia según la presencia o no de binge eating.
Utilizaron el cuestionario TAS (Toronto Alexitmia Scale). La puntuación
obtenida en el TAS fue de 72,6 +/- 11,8 en obesos y de 65,2 +/- 9,3 en
no obesos (Puntuación TAS >/= 74)(52,5% vs 21,8%) sin encontrar
diferencias significativas entre BED (Binge Eating Disorder) i no BED.
Etiología
La etiología de la obesidad es compleja. Debido a la enorme
incidencia en la salud y sus desórdenes asociados, se está dedicando un
gran esfuerzo a entender el control de la ingesta. Se han definido dos
ámbitos diferentes de estudio: la genética y los factores ambientales.
El primero, se ha probado sobradamente como factor etiopatogénico,
y si bien no se ha averiguado el tipo de transmisión que regula la
heredabilidad, se cree que puede ser poligénico. Así, el peso de
gemelos monozigóticos criados en familias diferentes es similar,
mientras que el de individuos adoptados es similar al de sus padres
biológicos. Se calcula que la herencia sería el responsable del 0.66
del peso corporal de los hombres y del 0.77 del peso de las mujeres.
En los últimos años se han descrito un gran número de moléculas
implicadas en la regulación del peso corporal. Entre las muchas
moléculas destaca la leptina. Se ha observado que la deficiencia de
leptina causa obesidad severa e hiperfagia a pesar de que los niveles
de insulina son altos. Por el contrario, la deficiencia de insulina no
provoca obesidad, a pesar de que en algunos casos de diabetes mellitus
no controlada incrementa enormemente la ingesta. Sin embargo, no sólo
la leptina ha sido propuesta como adipostato sino también el TNF-alfa,
la apolipoprotreina AIV (apoAIV), la grelina, etc. Otros neuropéptidos
importantes que interactúan a nivel hipotalámico implicados en la
regulación del apetito y el control del peso, son el NPY (neuropéptido
Y), la melanocortina y la CRH o CRF (hormona o factor liberador de
corticotropina). Cabe también destacar, que la obesidad es más
prevaleciente en el sexo femenino; factores hormonales y otros son la
explicación.
El segundo de los factores etiopatogénicos, es el de los factores
ambientales. Las costumbres dietéticas familiares, el estilo de
alimentación y otros factores parecen susceptibles de haber sido
aprendidos en el entorno de la familia. Estudios hechos a parejas de
gemelos monozigóticos criados juntos y por separado, y a hermanos
adoptivos, criados en la misma familia, muestran que la misma dotación
genética y el mismo ambiente familiar, en un primer momento no implica
que las dos personas vayan a tener un peso más coincidente que si sólo
comparten la dotación genética. De esto se deduce que las experiencias
compartidas en el ambiente familiar no serían determinantes de una
mayor incidencia de obesidad y que, en consecuencia serían las
experiencias que cada uno vive de forma individual fuera del ambiente
familiar (acontecimientos vitales estresantes, bajo nivel económico,
consumo de alcohol, falta de ejercicio) las que pueden resultar
determinantes.
Recientemente se ha propuesto que los estados psicológicos adversos
asociados con el estrés crónico podrían dar lugar a la obesidad
visceral, en parte debido al exceso de catecolaminas de forma crónica
(7), y a lo que se ha dado en llamar “síndrome metabólico X”.
Clasificación:
La obesidad, de cara a su pronóstico y tratamiento, se puede clasificar según diferentes criterios:
- Según la etiología:
- Endocrina
- Hipotalámica
- Yatrógena
- Por disbalance energético
- Esencial, heredoconstitucional o genética
- Asociada a trastornos psiquiátricos (TCA, Trastorno depresivo…)
- Cualitativamente:
- Tipo celular (según Hirsch y Batchelar, 1979):
- Hiperplásica (aumento de la población de adipocitos, con tamaño normal)
- Hipertrófica (aumento del tamaño de adipocitos, con número normal)
- Tipo morfológico (cociente cintura/cadera):
- Androide
- Abdominal o central (tipo “manzana” con más grasa visceral
- Cintura/cadera > 1 en varones, > 0,9 en mujeres
- Ginoide:
- Gluteofemoral o periférica (tipo “pera”)
- Cintura/cadera < 1 en varones, < 0,9 en mujeres
- Homogénea
- Cuantitativamente:
Siguiendo la clasificación propuesta el año 2.000, de la “Sociedad
Española para el Estudio de la Obesidad” (SEEDO), se establecen estas
categorías o grados para clasificar y diagnosticar la obesidad en base
al índice de masa corporal (IMC), es decir, el cociente del peso, en
quilos, dividido por el cuadrado de la talla, en metros ( kg/m 2).
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